El Órgano

Órgano de la parroquia

INFORME SOBRE EL ÓRGANO DE LA PARROQUIA DE SAN FRANCISCO

    El órgano de esta parroquia tiene un valor histórico considerable, al ser uno de los pocos ejemplares conservados de la organería isleña de la segunda mitad del siglo XVIII, dentro del rico patrimonio organístico existente en Tenerife, en el que la mayoría de los instrumentos tienen una procedencia extranjera. Se trata de un órgano barroco, con características de la escuela castellano-andaluza, realizado entre 1778 y 1781 en La Laguna por un organero peninsular establecido allí, que hizo varios órganos para otras iglesias del Archipiélago. Fue mandado a construir por el activo P. Jacob Antonio Delgado Sol, quien impulsó una serie de obras encaminadas a embellecer el convento franciscano, entre ellas el espacioso coro alto a los pies de la iglesia, donde se asentó el órgano, ubicación que aún conserva.

    El mueble se ha construido en madera de pino canario y posee unas dimensiones bastante considerables, teniendo en cuenta las de la mayoría de los instrumentos que hoy se conservan en las islas. Mide 3’20mts. de ancho, 1’38 mts. de fondo y 4’40 mts. de altura, sin contar con las cresterías flameadas que lo coronan en los torreones. La caja está bien trabajada, ya que sus paramentos están divididos en varios paneles, todos entrepañados, sobre todo en el pedestal. Además, el mueble presenta una concepción aún barroca, al igual que la fachada, ya que se abre en aletas por encima del secreto.

    Tal y como acabamos de indicar, la distribución y forma de la fachada conserva aun reminiscencias de la etapa dorada del órgano español, el Barroco tardío, con sus cinco campos en los que alternan los tres torreones semicirculares a distinta altura, rematados por sencillas cornisas con perfil en escocia y las dos planibandas intermedias. Sobre las cornisas de los torreones campean tres cresterías caladas de manera muy tosca. El torreón central alberga siete tubos del Flautado de 8′ y los laterales nueve cada uno, mientras qué las planibandas intermedias encierran otros siete tubos, al igual que el torreón central. Las bases de los torreones, a modo de ménsulas, son bellamente redondeadas y adoptan la figura de una peonza. Sobre ellas van los tablones en los que se insertaban los tubos de dos registros de lengüetería horizontal con los que estaba dolado el órgano primitivamente y que se suprimieron en una reforma posterior. Salvando la distancia de medio metro de altura, que existe entre los torreones laterales, más bajos, y el central, más alto, corren unas estrechas cornisas ascendentes por encima de los castilletes intermedios, cornisas que rematan en sendas volutas al flanquear el torreón central. Los castilletes laterales contienen, además, un segundo piso de falsos tubos, realizados en madera, con catorce caños cada uno, pero separados en grupos de siete por una tabla decorativa en el centro.

    En las partes superiores de todos los campos y en el lugar que ocupaban las celosías caladas en la mayoría de los órganos barrocos, van unos paneles de madera, adaptados a la curvatura de los torreones, con bordes mixtilíneos dispuestos de tal forma que su conjunto dibuja una gran llama, que armoniza con las de las cresterías de los torreones. En estos paneles hay dibujos en dorado con tallos retorcidos y hojas de acanto. Asimismo, las bocas de los tubos de fachada se han organizado de forma artística, adoptando la forma de la V en el castillo central y de diagonales, paralélelas dos a dos, en los cuatro laterales. Curiosamente, el trazado de estas líneas es opuesto al de los bordes mixtilíneos de los paneles que ocultan los finales de la tubería de fachada.

    El pedestal mide 1’92 mts. de alto, mientras que el ancho de la caja en esta zona es de 2’84 mts. Todo él está configurado por paneles rectangulares artísticamente entrepañados, tal y como ya hemos señalado. También lo están los cuatro pequeños tableros horizontales que ocultan el arca del viento. Los paneles desmontables van trabados con pasadores de madera, como los tableritos que dan acceso al arca del viento. La caja está pintada de marrón oscuro con filetes dorados, aunque no sabemos si éste fue su color original.

    El teclado que se conserva es el original, de 51 notas (Do 1- re 5), con sus teclas de marfil y de madera de roble entintada. La buena factura que posee tanto en las teclas como en los tacos que lo flanquean hacen de él una magnífica obra de artesanía. El secreto es partido con ocho medios juegos en cada mano, además de los del pedalero. Su estado de conservación es bastante bueno, así como el de la mecánica.

    Este instrumento que es un claro exponente de la escuela organera castellano-andaluza, debido a la procedencia de su autor, sufrió a principios del siglo XX una brutal agresión por parte de unos organeros que con la “buena intención” de “mejorarlo” y “modernizarlo” modificaron algunas de sus características. En primer lugar, le suprimieron la lengüetería horizontal de fachada, para adaptarlo a la estética romántica entonces en boga, y en segundo lugar le quitaron las pisas de contra, y quizás algún registro de Tambor, para añadirle un pedalero de 24 notas con los tubos de madera correspondientes y sus secretillos. Asimismo, le cambiaron los tiradores de los registros, aparte de suprimir algunos árboles de la mecánica. De todas formas, y exceptuando los registros de lengüetería ya señalados, hay que indicar que la tubería se conserva casi completa y en bastante buen estado, lo cual es muy positivo.

    Todo ello hace necesario una buena restauración que haga que el instrumento recupere su estado primitivo, aquél en el que fue concebido por autor para que en él se pueda interpretar la música del barroco hispano, amén de otros repertorios europeos, desconocidos hoy por hoy entre los aficionados santacruceros, debido a la carencia de un instrumento idóneo.

    La labor de restauración podría ser guiada contemplando lo que el organero Gerhard Grenzing realizó en el órgano de Santo Domingo de Las Palmas, que posee similares características al instrumento de San Francisco, y que fue inaugurado en 1996 tras unos expertos trabajos de restauración alabados por todos, lo que ha convertido a esta parroquia en uno de los puntos de encuentro de las diversas semanas de Música Antigua y Religiosa que se celebran a lo largo del año en la capital grancanaria. Si así fuese, Santa Cruz podría contar con un magnífico ejemplar de órgano barroco, al que se sumaría el órgano romántico inglés de la parroquia de la Concepción que está en vías de ser restaurado, con lo cual se ampliarían los repertorios que se podrían escuchar en nuestra capital, ya que cada época ha tenido un tipo de órgano diferente para el cual escribían los compositores.

Fdo. Rosario Álvarez